LA INSEGURIDAD SEGUNDA PARTE

Ángel Juez

A finales de los noventa, Barcelona que era una ciudad cosmopolita pasa a ser turística en un plis-plas,los tour operators se percatan de que los kilómetros de playas que han salido a la luz como consecuencia de la reforma del litoral son un cebo fantástico para sus promociones, la belleza natural de su “Ciutat Vella” junto a los impresionantes edificios modernistas del Ensanche y otros barrios se hacen irresistibles a los ojos de los turistas. La amabilidad de sus gentes y su estupendo clima hacen el resto. Se construyen hoteles, se dan licencias de apartamentos turísticos y los inmigrantes llegan a chorro en busca de trabajo, pero entre los inversores y los buscadores de conceptos también se cuelan las mafias y la delincuencia internacional, que por supuesto también vienen a trabajar, y se percatan enseguida que delinquir en este país sale barato. Empieza el robo de móviles al descuido dentro de los bares. Mal asunto pienso yo.


La fiesta no para, la noche es eterna, los erasmus reciben el mal nombre de orgasmus, el robo al descuido aumenta. Aparecen las drogas químicas que se suman a todas las demás, el mundo entero se hace eco de lo bonita y divertida que es la ciudad. El dinero fluye y lubrica, hay alegría en el gasto, créditos a mansalva hasta que llega la crisis financiera de 2008 que afecta básicamente a la ciudadanía autóctona, el paro se dispara y el vuelco en el consumo es radical, los jóvenes son poco a poco expulsados del centro de la ciudad a consecuencia del aumento de los alquileres. El turismo de lujo aguanta la economía del día a día, tanto en la calle como en los bares se sigue robando al descuido y la crisis se va alejando pero deja numerosos efectos secundarios que el desarrollo de la tecnología y las redes sociales a duras penas aligeran, a pesar de la bajada de precios y el notable aumento del “low cost” los bares que no han podido reflejar en su lista de precios las subidas de los impuestos y los gastos en comunicación siguen siendo muy caros para el bolsillo, sobretodo para los más jóvenes. Se ponen de moda el botellón. Se produce una gran gentrificación, los vecinos se quejan.

 En mayo del 2017 queman un bus turístico, en agosto se produce el atentado de la rambla y en octubre la crisis política pone la guinda al pastel, el turismo de lujo se asusta, los hoteles de cuatro y cinco estrellas pierden más de la mitad de su clientela, pero los chorizos se quedan. En 2018 empieza a percibirse que la delincuencia es organizada, se multiplican los robos con fuerza, algo sorprendente por lo inusual en nuestra ciudad. El tráfico de drogas se multiplica exponencialmente, se ponen de moda los narco-pisos, los vecinos lo denuncian pero la facilidad de los delincuentes para ocupar pisos es muy dinámica, el caballo vuelve con fuerza. Al año siguiente la inseguridad de Barcelona resuena internacionalmente, provocando vergüenza ajena entre los paseantes de la Rambla, una calle que ha perdido totalmente la frescura de antaño.


Hay grandes ciudades europeas donde los robos son constantes, pero la prensa se ceba con Barcelona, el personal cambia sus hábitos y acostumbra a salir a tomar copas y picar algo a última hora de la tarde, como consecuencia a partir de media noche los bares quedan muertos los días entre semana. Todo depende de lo animados que estén los findes. Los robos abusivos de móviles y relojes entre otros demuestran la organización de las mafias, detienen a delincuentes con hasta 50 móviles en el coche, ya no se roba para sobrevivir, la delincuencia se ha industrializado. Las instituciones toman medidas, la policía hace horas extra pero el hecho de que el código penal no castigue la multi-reincidencia juega a favor de los malos.


La crisis provocada por el Coronavirus vacía todas las calles de la ciudad, es difícil delinquir básicamente por que no hay gente a quién robar pero los delincuentes no se confinan y los supermercados, las farmacias, los cajeros automáticos y hasta la gente que va por la calle con la compra siguen siendo víctimas de la inseguridad de la ciudad. Los espacios y sobre todo plazas frecuentados por delincuentes y marginados que habían conseguido minimizar sus actuaciones debido a la presencia de gente buena, observamos que han vuelto a estar colonizados por los malos. Alerta!!! La delincuencia cibernética se pone de moda, los chorizos se especializan. Al comenzar la desescalada aparecen grupos de jóvenes que miedo me dan, y para colmo muchos van pertrechados detrás de las obligatorias mascarillas, lo que faltaba. Durante el confinamiento las denuncias por robo bajan hasta las 40 diarias, a día de hoy ya son 400. Los Mossos trabajan intensamente pero tienen que ir con pies de plomo, los delincuentes se han vuelto más agresivos y a la mínima les denuncian por malos tratos. A los secretas el pinganillo les delata, y la alerta del “Agua!” es constante. Los pisos turísticos controlados por Airbnb pasan, sobretodo en la Barceloneta, a ser utilizados como narco-pisos.


Esperemos que la distancia a que nos está acostumbrando la nueva normalidad haga que no nos puedan pedir fuego o la hora con tanta facilidad, es su “Modus Operandi”.

El desánimo y la incertidumbre que provocan estos tiempos post-pandemia que además están dejando a la población más tiesa que la mojama no pueden quedar expuestos a los palos callejeros, el robo del móvil o el dinero de bolsillo. Si esto sucede aumentará la depresión. No nos lo podemos permitir.
Hay que luchar desde todos los frentes, andar con los ojos bien abiertos como si de una cámara de reconocimiento facial se tratara. En definitiva hay que colaborar entre todos para que la tranquilidad se imponga en medio del caos económico que nos espera


PD: Todo el mundo habla mal de los MENAs pero parece ser que el estado tutela a muchos jóvenes hasta los 18 años. A partir de la mayoría de edad les da permiso de residencia, con numerosas condiciones que si no cumplen pasan a ser directamente unos “sin papeles”. No acostumbran a tener, salvo excepciones permiso de trabajo, lo cual les empuja claramente a la delincuencia. Vaya lío...

 

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