La confusión de los camareros que se creen dueños

Ángel Juez

Cuando un dueño tiene poco carácter o se dedica exclusivamente a mandar que no es lo mismo que dirigir, los camareros le cogen una cierta manía.

A lo largo de mi carrera he vivido muchas experiencias y muy diferentes con los camareros, he pasado temporadas en las que he descuidado notablemente el trabajo y numerosos camareros se han apoderado de la situación creyéndose los amos, esto no ha sido nunca problema cuando los camareros han visto el negocio con mis ojos y no con los suyos. Por ejemplo, si el camarero mira con los ojos del dueño hace regalos únicamente a clientes buenos, si mira con los suyos, sólo hace regalos a la gente que a él le interesa, sus amigos.

Tuve un camarero que un día entro en mi despacho y me dijo: “Hoy ha pasado una cosa importante, han venido dos periodistas que nos pueden venir muy bien y les he invitado a las copas”, yo le conteste: “nunca en este bar hemos invitado a la prensa. Aquí vienen muchos periodistas y algunos muy importantes”. El me contestó “A estos periodistas, yo, ya les conocía hace tiempo”. Yo digo: “Nunca salió una publicación sobre mi bar en ese periódico”. Al finalizar su contrato se montó un negocio de servicios de hostelería y qué casualidad que entonces si salió en la prensa para favorecerse a él mismo. Da la casualidad de que un familiar mío había enviado a esos periodistas al bar. El camarero en cuestión también aprovechó a otros periodistas habituales del bar para que le hicieran reportajes sobre su nuevo negocio. Este ejemplo ilustra a los camareros que se sientes dueños de los bares de otros.

En otra ocasión en un bar-restaurante que hacía muchos años que yo era cliente hubo un relevo generacional y la cocina dejo de ser ejecutada por personas de la familia, entró un cocinero nuevo que mejoró notablemente las antiguas recetas que manejaban y colocó en la sala del restaurante a su mujer y su cuñado. El dueño tenía poco carácter y la mujer del cocinero fue apoderándose de la situación con el pensamiento de que los dueños le dejarían el bar a ellos. Esa percepción sólo existía en su cabeza por que el dueño, como es normal, pretendía cobrar un buen traspaso, poco a poco la situación fue deteriorándose hasta que un buen día se presentó el hijo del dueño que trabajaba en el extranjero. Después de una temporada de aclimatación el hijo del dueño empezó a poner los puntos sobre las ies y el ambiente se enrareció. El cocinero que había mejorado la calidad colocó en cocina un equipo de filipinos que también eran familia entre ellos y aprendieron las recetas con una cierta facilidad. La mujer del cocinero y su hermano entraron en cólera por que el pensamiento de que se quedarían con el bar se fue desvaneciendo. Primero una y después el otro, cogieron bajas por depresión y denunciaron al dueño por todo lo habido y por haber. De todos es sabido que un bar barato no es rentable si te tomas la ley a rajatabla. Al final los tres llegaron a un acuerdo con el propietario, cogieron el paro, lo capitalizaron y tomaron un bar en traspaso que fue un éxito inmediato pero también se hicieron conscientes de lo difícil que es hacer rentable un restaurante bueno y barato.

Este par de casos que hemos desarrollado son un ejemplo claro de gente que cree que es dueña de lo que no es, pero en ambos casos los profesionales eran de calidad, es mucho más común encontrar camareros que se sienten los amos y te dicen la frase mágica: “Yo te invito”, cuando en realidad el que invita es el dueño. El propietario cuando invita dice: “Invita la casa”.

También hay muchos camareros que toman decisiones por su cuenta sin consultar y se equivocan.

El ego de los camareros acostumbra a ser un problema, los argentinos porteños son tremendos en este tema, el día de fiesta llevan a los conocidos y les dicen: “Mira este es mi bar”.

Un día me hablaron de una camarera que quería cambiar de trabajo, fui a verla reiteradamente de tal manera que ella estaba convencida que la contrataría pero... siempre me invitaba y no de su bolsillo, la última vez me preguntó si la iba a contratar y le dije que no, no le dije por qué, pero pensé: Si vas a hacer con tus amigos lo mismo que conmigo, no me conviene, esta es la conclusión.

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